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LA INFLUENCIA DE LA LITERATURA EN EL CINE

Por Al Zaihr

Toda arte es un medio de expresión para las emociones del ser humano, y la cinematográfica no es una excepción. Tal vez, por ser la última en aparecer, sea la más refinada; tal vez ese refinamiento le venga por ser la unión de todas las demás artes.

Desde sus comienzos, a finales del siglo XIX, el cine ha ido muy ligado, especialmente a la literatura. Si bien las primeras películas eran más cercanas a las actuales tiras cómicas, pronto empezaron a adaptarse obras literarias a la pantalla. Al principio, como indica Carmen Peña en Literatura y cine (Cátedra, 1996), se acudió al folletín para extraer escenas, temas o personajes, como en la serie Fantomas (L. Feuillade, 1911). Y ya antes, Raff y Gammon recogieron escenas de The Widow Jones para The Kiss (1896), o la adaptación de 1902 por Ferdinand Zecca de una novela de Zola para Les Victimes de l'Alcoolisme.


Esta tendencia se incrementa tras la aparición del cine sonoro, una vez pasada la euforia de los musicales. 

Es a finales de los 30 y durante la década de los 40 cuando escritores de todas las categorías, desde Raymond Chandler a P. G. Wodehouse Blasco Ibañez, acuden a Hollywood.  El caso inverso, el paso de una película a un libro es un fenómeno más reciente y que debería analizarse, junto con la aparición de escritores-guionistas, herederos de los escritores afincados en Hollywood, que, según Eisenstein, "Ven en imágenes de fotogramas y escriben en forma de guión de montaje", como la influencia del cine en la literatura.


Las posibilidades narrativas que ofrece el movimiento de la imagen son muy diferentes de las de la palabra escrita, por lo que, en cuanto a técnicas, las influencias son relativamente escasas. Y a medida que avanza, el cine se separa cada vez más de las técnicas narrativas literarias para recurrir a los movimientos de cámara y la cámara lenta o rápida como mecanismos narrativos. O bien hace suyos algunos, como el flash back.


Sin duda, la mayor influencia de la literatura en el cine han sido los argumentos, las historias, los temas. Esto se trata de una manera interesante en La semilla inmortal (Anagrama, 1997), libro en el que Jordi Balló y Xavier Pérez ofrecen temas universales de la literatura y analizan las diferentes variantes del tema dentro de la cinematografía. Así, por ejemplo, se relaciona al Ethan de Centauros del desierto con Ulises o las comedias yuppies en las que un personaje de vida normal se ve trasladado a un mundo hostil (After Hours, ¡Jo, qué noche!, de Scorsese, 1985, y el largo etcétera) con el mito de Orfeo y Eurídice.
¿Qué especial atractivo ejercen los inmortales de la literatura sobre los grandes cineastas? Tal vez acuden a ellos en busca de buenas historias, pero toda adaptación conlleva una

pérdida de la esencia de la obra original. Por ello, es muy difícil llevar a cabo estas obras.

En algunos casos, se recurre a una adaptación lo más parecida posible. Otros, con mayor o menor fortuna, introducen elementos nuevos en la narración. Uno de los casos más sobresalientes es Blade Runner, de Ridley Scott, basada en la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, que constituye una de las películas de culto del género de la ciencia-ficción.


¿Se puede considerar el cómic como literatura? El cine sin duda lo ha hecho, y a llevado a la gran pantalla a estos personajes. El clásico Superman, los góticos Batman de Tim Burton y los más tecnológicos de Schumacher, Dick Tracy, realizado para gloria de Warren Beaty y, más recientemente, Spiderman, son sólo unos ejemplos.


En algunos casos, las influencias externas degradan la pureza de un arte. En el cine y la literatura, las influencias que ejercen el uno sobre la otra y viceversa son siempre beneficiosas. Porque, ¿qué otra cara puede tener Hamlet si no es la de sir Laurence Olivier? Y qué hermoso el monólogo final del replicante, en Blade Runner, que no aparece en la obra original.